miércoles, 28 de octubre de 2009

Empapelando mi vida

El domingo por alguna extraña razón decidí hacer un pequeño proyecto en mi cuarto. Mi cuarto es un pequeño espacio de mi humilde casa donde habito y suelo pernotar.

Como estuve contando, el domingo rebusque por todos lados varios periódicos pasados y papeles bond, encontré los periódicos y recorte imágenes graciosas, ya sean caricaturas, cosas raras, columnas de periodistas e historietas.

Todos los papeles bonds que encontré los empecé a pegar en las paredes de mi cuarto abstractamente y encime pegue los recortes de periódicos.

Ya voy por la mitad de terminar este trabajo que me he propuesto terminar a como dé lugar, además, a mis padres les ha agradado la idea y no se han opuesto a que manche de goma todas mis paredes.

Pero poniéndome a pensar (para variar) por un momento me pregunte el porqué de estas ganas de empapelar mi cuarto. ¿Acaso trato de empapelar mi vida?¿Acaso indirectamente trato de borrar mi pasado que está grabado en mis cuatro paredes?¿Acaso esos imágenes pegadas son perfiles míos que he estado ocultando?

Las ganas locas que tenia no era de simplemente remodelar mi cuarto, si no, remodelar mi vida, cambiar mis hábitos, acostarme temprano y levantarme de igual manera, dejar de ser el mismo idiota de siempre y ser otro idiota, no ese idiota que se enamoraba con tan solo mirarla, seré el idiota que se enamora al conocer bien a la persona, seré alguien mejor, seré el que administre mi presente y mi jodido futuro.

Les prometo un post más largo la próxima semana (y prometo si cumplir esto ^^)

Ayrton Vargas

Mecano –Aire

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miércoles, 21 de octubre de 2009

Cosas inesperadas


(PARA ENTENDER ESTE POST, TENER LA AMABILIDAD DE LEER LA ENTRADA ANTERIOR)

(En vista que varias personas me exigian una continuacion de la anterior historia aqui la tienen , servidos)



Ana volvió sollozando, Eduardo la había mandado a la mierda (nuevamente).

Ricardo la vio llorar, esta vez no hizo nada, sabía que sería peor acercarse y decirle que se tranquilizara. Ana camino hasta el baño y se encerró allí.

Pasaron horas y no salía, Ricardo ya se estaba preocupando, fue al baño y nadie respondía, así estuvo un buen rato hasta que no aguanto más, pensaba que Ana puede haber cometido alguna burrada y busco las llaves del baño por toda la casa. Las encontró colgadas a unos pasos de la sala, las cogió desesperado y corrió a abrir la puerta.

La vio sentada en el suelo, se había quedado dormida de tanto esfuerzo al llorar. El la cargo y la llevo a su cuarto, la tendió en su cama y la arropó. Se disponía a irse de su casa antes que los padres de Ana llegaran pero una mano le sujetaba fuertemente la muñeca.

Ana había despertado, se quedaron un largo tiempo en silencio, Ana no lo soltaba, Ricardo se sentó al borde la cama, a su costado, la miró, el silencio aun permanecía latente. Ana tomo la iniciativa y hablo:

-No estoy segura Ricardo, estoy confundida.

-Es algo que entiendo Ana, no te obligo a nada.

Ana se acerco a Ricardo y lo beso, lo beso como nunca lo había hecho en su vida, lo beso como furiosa y entristecida. Lo acerco un poco más a ella hasta que los dos se encontraban echados en la cama. Ana estaba segura de lo que hacía, lo había decidido mientras estaba llorando en el baño. Ricardo no sabía qué hacer en un momento como este, todo iba tan rápido y tan lento al mismo tiempo. Ana lo ayudo a quitarse la camisa mientras él le arrancaba salvajemente la blusa. Ricardo sabia que esto tenía que pasar, ya no podía dar marcha atrás.

Ana pudo sentir el sexo de Ricardo penetrarla torpemente, los dos eran unos inexpertos, unos amateurs en este tema. Ricardo no podía creer lo que hacía, ver el cuerpo de Ana contorneándose entre las sábanas de color carmín le daba la sensación que todo esto era un sueño, que en realidad los pechos de Ana no estaban a 2 centímetros de su cara y que en realidad no se la estaba cogiendo el mismo día de su cumpleaños.

Ana disfrutaba de esto, de verdad lo gozaba aunque sabía que Ricardo saldría perjudicado ya que ella en realidad no lo amaba tanto con él a ella, pero por el momento no le importaba ese tema , solo le importaba mover de un lado para otro sus caderas de quinceañera para comodidad de Ricardo que estaba a punto de correrse.

Asi fue la mágica noche que tuvo que Ricardo, que nunca imaginaria que haría el amor con Ana, su amiga desde hace muy poco tiempo y él se sentía orgulloso por una sola razón. Había logrado en 2 meses algo que Eduardo no había logrado en 3 años.

Ayrton Vargas



COLDPLAY - THE SCIENTIST (subtitulado)

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miércoles, 14 de octubre de 2009

El jodido arte de la joda

Ricardo se encontraba presuroso, se le había hecho tarde en el colegio y tenía que llegar lo más pronto posible a darle el regalo de cumpleaños a la chica que le gustaba.

Se dirigía al paradero y vio a lo lejos a dos chicos de su salón, que para ser exactos no eran muy amigos, pasaron por su costado no sin antes insultar a su madre, a Ricardo le llego y siguió de frente pero un ligero golpe en su espalda lo hizo voltear , le habían tirado dos piedras.

Ricardo corrió, se les lanzo encima con un fuerte (a su parecer) puñete y empezó la lucha, el no suele actuar violentamente pero tenía dos razones para golpearlos , la primera era que uno de ellos estaba con la chica que en un principio Ricardo deseaba , y la segunda es que hace tiempo quería golpearlos por maricas e hijos de puta.

Ricardo no tenía problemas en la lucha, golpeaba a diestra y siniestra, pero no pudo con los dos, al final ellos fueron los perjudicados, Ricardo salió ileso de la batalla y se retiro tranquilo e ileso oyendo como los dos fantaseaban diciendo: ya le sacaste su mierda vamos, mientras que por las ventanas de los carros y en el paradero la gente miraba extrañada qué demonios había pasado.

Ricardo lleno de ira se dirigió al paradero a tomar su carro, entonces un chico de quinto de secundaria se le acerco y le dijo:

-Estas bien, ¿cómo te llamas?

-Ri,Ri,Ricardo ….y tú?

-Joseph, ¿qué ha pasado?

-Nada, que empiezan a joder –Ricardo se encontraba tembloroso, tenía ganas de llorar, pero no de dolor, porque ni lo habían tocado, sino de odio e ira de no haberles partido la cara como él quería, ya que él quería haberle estampado contra el suelo y hacerlos sangrar, golpearlos hasta que suplicaran, aunque sabía que hubiera sido imposible.

-Tranqui, puedes llorar, el hombre también puede llorar.

-Si quiero llorar, pero no por lo que paso.

-Hey, de veras, tranquilízate, me hiciste recordar a mi cuando estaba en tercero, me jodían, yo reaccionaba y los molía golpes. Te iba a ayudar pero yo estaba al otro lado de la pista. Solo pude ver. Cuando volteaste pensé que solo los ibas a molestar, pero cuando se empezaron a pelear vi que iba en serio.

-Si pues, es que me lanzaron dos piedras y se hicieron los locos.

-Ya estas mejor ¿no?, espera, ¿tú no eres amigo de Ana y su enamorado Eduardo?

-Si, iba a ir a su casa a darle a Ana su regalo de cumpleaños porque fue el viernes pasado y no pude entregárselo.

-A bueno, me voy, tengo que tomar mi carro, cuídate y tranquilo, chau.

-Chau….esto….una pregunta.

-Dime

-¿Tengo algo en la cara?

-No nada, solo esta roja, pero nada más.

-Okey gracias. Chau.

Le dio la mano y se despidió. Ricardo estaba más tranquilo tras su conversación con Joseph pero al perdió la noción del tiempo y corrió a tomar un micro que lo llevaría la casa de Ana.

Con su cara de niño bueno toco el timbre de la casa de Ana, tardaron en responder, posiblemente estaba siendo inoportuno arruinando un posible almuerzo familiar por la celebración de los quince años de la única hija de la familia Gonzales.

Al ver que no respondían decidió tocar la puerta, iba a dar el primer toque cuando la puerta se abrió intempestivamente. Ana estaba toda desarreglada y se le notaba llorosa.

-Ricardo??!! , dijo Ana mirándolo como si fuera un bicho extraño al cual se le veía raras veces en alguna selva tropical.

-Ana, no te alcancé a la salida… esto… feliz cumpleaños!!!!!!

-Gracias Ricardo, pero no tenias que venir hasta mi casa, nada te costaba esperar hasta mañana.

-No podía esperar hasta mañana, más bien disculpa si es que te estoy interrumpiendo.

-No para nada, no hay nadie en casa, han salido todos, volverán mas tarde.

-¿Salieron en tu cumpleaños? ¿Qué familia hace eso?

-La mía creo… dijo agachando la cabeza.

-Toma tu regalo.

Ana levanto la mirada y sostuvo un paquete envuelto en papel de regalo. Ricardo había juntado el dinero de todo un mes para comprarle a Ana un peluche de un oso pequeño que al apretarlo te tocaba un canción del Titanic.

-Ricardo, no debías comprarme esto….

-¿Te gustó? , fue la frase inmediata que se le vino a la mente.

-Claro que me gustó, te pasaste.

Ana abrazó a Ricardo de una manera muy poco común en ella. Ana solo lo abrazaba de manera simplona, como un amiguito de esos, pero esta vez fue diferente, ella lo abrazó como si necesitara alguien que la consolara.

Automáticamente empezó a llorar en los brazos de Ricardo, su llanto era como el de una niña pequeña la cual se tropezó y cayó al suelo.

-¿Qué ha pasado Ana?

-Eduardo me dejo… término conmigo…

-¡¡¿¿Por qué??!!! Dijo asombrado ya que no esperaba esto.

-No me dijo porque… solo me dijo que hay que terminar, o como él lo llamo: “darnos un tiempo”

-No llores Ana, por favor, no llores.

Ricardo la tranquilizo por un momento, Ana le dijo para pasar a su casa. Ya adentro ella se puso serena y nuevamente después de varios minutos volvió a caer en el llanto y porque no decirlo, en los brazos de Ricardo.

-No sé qué pensar Ricar , no me dijo nada, no me dio señales para saber que las cosas andaban mal.

-La verdad no sé qué decirte, Eduardo nunca me dio buena espina.

-Sí, me lo dijiste el día que te lo presente y vaya que tenias razón.

-No sé si tenía razón, tal vez en realidad solo se van a dar un tiempo.

-No lo creo, me lo dijo decidido, no quiere volver conmigo TER-MI-NA-MOS, esas fueron sus palabras. No sé qué hacer, no tengo a nadie que me ayude.

-Recuerda que siempre me tendrás a mi Ana.

Un silencio incomodo inundo la sala, un silencio acompañado de pequeños moqueos de parte de Ana. El silencio se interrumpió cuando el celular de ella empezó a sonar. Era Eduardo.

Ana se paro y apago el celular, no podía contestar, no podía hablar con nadie y menos con él.

-Ricardo…. Ricardo… RICARDO!!!!!!

Ricardo estaba distraído.

-¿Ha? , ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Cuándo? … esto… que pasa, dime.

-¿Puedes contestar el celular por mi?

-¿Y qué quieres que diga?

-No, olvídalo, mejor yo contesto.

Durante quince minutos Ana estuvo hablando por teléfono, Ricardo no se imaginaria que le esperaría después de esta llamada.

Ayrton Vargas



El cuarto de nos – Ya no se qué hacer conmigo

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