domingo, 30 de octubre de 2011

Espejo


En el baño no había nadie, solo un espejo. Me acerqué y vi a alguien, pero al mismo tiempo a nadie, estaba como oculto. Me habló

-De veras, ¿Qué buscas? Ella no te amará.
Me lave la cara mientras que mi reflejo seguía parloteando cosas, palabras, insultos. A lo mucho llegué a oír tres palabras: Huye, él y jamás; y regresé a la puerta del cine a esperarla llegar.


Dos meses después me volví a cruzar con el mismo reflejo, tenía una mejor pinta, como si hubiera dejado de gritar sandeces. Me volvió a hablar.

-¿Qué esperabas? ¿Un final feliz? Te dije que no sería tuya jamás.

-Fue mía.

-Por algunas noches y algunas tardes.

-Dijo que me amaba.

-Las personas dicen muchas cosas.

-Todo lo que dije que sí era verdad.

-Eso ya no importa. Me hubieras hecho caso cuando te lo advertí, huías y listo.

-No quería hacerlo, no te oí decir nada.

-Si me oíste, solo que eres terco. Pobre iluso, él iba a estar ahí presente siempre.

-Quería luchar.

-¿Luchar contra qué? ¿Contra el aire? ¿Contra la nada?

-La extraño.

-¿Qué pasó? Te llevó a volar y te dejé caer desde lo alto.

-Es mejor estar herido que dormido.

-A ti lo que te falta son horas de sueño para dejar de estar herido.

-Tú no eres nadie para decirme qué hacer.

-¿No soy nadie? Mírame bien.

Levanté la mirada, no vi otra que cosa que a mí mismo con los ojos rojos, hinchados y parecía furioso.
Rompí el espejo de un puñetazo. No me importaba la sangre que salía de entre mis nudillos.

Regresé a la cama.

Ahí me esperaba ella, dormida y desnuda.


Marty Vargas

1 comentario:

  1. chan! yo también tuve ese reflejo hace unos días =/, siempre arriesgamos y esperamos que también arriesguen. solo queda esperar lo mismo.

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