En el baño no había nadie, solo un espejo. Me acerqué y vi a alguien, pero al mismo tiempo a nadie, estaba como oculto. Me habló
-De veras, ¿Qué buscas? Ella no te amará.
Me lave la cara mientras que mi reflejo seguía parloteando cosas, palabras, insultos. A lo mucho llegué a oír tres palabras: Huye, él y jamás; y regresé a la puerta del cine a esperarla llegar.
Dos meses después me volví a cruzar con el mismo reflejo, tenía una mejor pinta, como si hubiera dejado de gritar sandeces. Me volvió a hablar.
-¿Qué esperabas? ¿Un final feliz? Te dije que no sería tuya jamás.
-Fue mía.
-Por algunas noches y algunas tardes.
-Dijo que me amaba.
-Las personas dicen muchas cosas.
-Todo lo que dije que sí era verdad.
-Eso ya no importa. Me hubieras hecho caso cuando te lo advertí, huías y listo.
-No quería hacerlo, no te oí decir nada.
-Si me oíste, solo que eres terco. Pobre iluso, él iba a estar ahí presente siempre.
-Quería luchar.
-¿Luchar contra qué? ¿Contra el aire? ¿Contra la nada?
-La extraño.
-¿Qué pasó? Te llevó a volar y te dejé caer desde lo alto.
-Es mejor estar herido que dormido.
-A ti lo que te falta son horas de sueño para dejar de estar herido.
-Tú no eres nadie para decirme qué hacer.
-¿No soy nadie? Mírame bien.
Levanté la mirada, no vi otra que cosa que a mí mismo con los ojos rojos, hinchados y parecía furioso.
Rompí el espejo de un puñetazo. No me importaba la sangre que salía de entre mis nudillos.
Regresé a la cama.
Ahí me esperaba ella, dormida y desnuda.
Marty Vargas

chan! yo también tuve ese reflejo hace unos días =/, siempre arriesgamos y esperamos que también arriesguen. solo queda esperar lo mismo.
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