jueves, 15 de diciembre de 2016

Las empanadas de queso son más concretas

Johnny Suares despertaba muy temprano cada mañana sin importar la cantidad de horas que descansaba. Se levantaba con rapidez de su cama y se estiraba con la delicadeza de un gato. Con una mano trataba de alcanzar un cuaderno sobre la mesita de noche; con la otra, recogía un lapicero que tenía guardado en un zapato sin par.

Le dió una ojeada a la tapa mientras esbozaba una sonrisa para sí mismo. Pasó una por una hasta detenerse en la hoja número ciento cuarenta y cinco. 

"14 de abril

Las empanadas de queso son más concretas"

Satisfecho de sus palabras, cerró el cuaderno y fue hacia la cocina. Se hacía tarde para el trabajo y sin su café matutino no podía funcionar. 

Johnny Suares, ya recargado por los granos tropicales, montó su vieja bicicleta y con las mismas, partió rumbo al mercado de Magdalena del Mar. Al llegar, se puso su uniforme verde lagarto y cogió la escoba cabello dorado: hoy le tocaba limpiar la plaza Túpac Amaru. 

Para el mediodía, Johnny Suares, el "Loco Johnny" para los amigos y vecinos del barrio, estaba rojo como picadura de mosquito. El sol golpeaba fuerte ese catorce de abril, pero no parecía importanle. 

<<Las empanadas de queso son más concretas>>, repetía en voz alta mientras trataba de limpiarse el sudor. Si se le acercaba alguien a preguntar la hora, le decía la misma frase. Si un gato le maullaba, se agachaba y le comentaba lo mismo. Si quizás tú estuviste por ahí ese día y hubieran coincidido a esa hora, te hubiese citado lo mismo. Para las cuatro de la tarde, Johnny Suares ya no sentía mucho calor. 

Un sereno se le acercó con un taper de comida.

 Johnny, te traje la comida.

El Loco Johnny no respondía. Se había quedado prendado de una ramita que, alejada de su enorme madre, se aventuraba a moverse sola ayudada por el viento.

¿La vida es un ceviche fresco?, le dijo el sereno.

Las empanadas de queso son más concretas, respondió Johnny.

El sereno se sobó unos breves minutos la frente. Trataba de entender, en vano, las frases cambiantes que Johnny le decía día tras día. 

Meche te manda esta comida. Te la dejo ahí. No te preocupes que luego arreglo con ella.

El sereno se alejó con rapidez. Johnny Saures cogió el taper y empezó a devorar el adobo con carne con mucha delicadeza.

Cuando daban las seis de la tarde, Johnny Suares dejaba la escoba cabello dorado colgada en la caseta de seguridad, se quitaba la piel verde color lagarto y se ponía un polo blanco, algo amarillado por el paso de los años. Montaba en su bicicleta y partía para casa. 

Cogió la calle Bertoloto un buen tramo hasta llegar a Avenida La Paz. Dobló por una de las esquinas y frenó frente a una casita morada. Sacó un manojo de llaves de su bolsillo, insertó una de estas en la cerradura y la giró cuarenta y cinco grados hacia la izquierda. El seguro cedió.

Al entrar, dejó su bicicleta en la cocina y se dirigió hacia su cuarto. Tomó entre sus manos el cuaderno que había dejado sobre su mesita de noche y esperó a que dieran las diez para retirarse a la calle.

Por cada paso que cada y ,procurando no ver atrás, arrojaba al suelo una hoja de su cuaderno. De seguro los vecinos se preguntarían a la mañana siguiente quién dejó tirado papeles con frases como "2 de enero. Los tamales sancochados no deberían ser recalentados", o "28 de noviembre. Las tallarines rojos son cabellos de dios" o "31 de diciembre. El pavo era más rico en familia dinosaurio", pero para esa hora ya no era tan importante. 

Ciento cuarenta y cuatro pasos después, Johnny Suares estaba parado en el malecón frente al mar. A su cuaderno le quedaba una hoja escrita, la que escribió esa mañana.

Se cuenta que alrededor de la media noche, cerca al malecón John Lennon, alguien gritó a todo pulmón <<¡LAS EMPANADAS DE QUESO SON MÁS CONCRETAAAAAAAAAAS!>>, para luego callar eternamente. 

De Johnny Suares se sabe muy poco. Solo un sobrino suyo, quien lo visitaba a diario, teorizó que probablemente ese no fue el único cuaderno en que el que su tío Johnny escribía durante las mañanas porque a veces encontraba tapas de cuadernos en la basura. 

Una vecina, buscándole una explicación más poética, pensó que tal vez en ellos escribía todos los días sus últimas palabras para que fuese recordado por siempre.

Muchas hipótesis surgieron en el barrio, las cuales luego se trasladaron a los barrios vecinos y así sucesivamente. 

Y aunque se dijo mucho de Johnny Suares, yo solo quiero pensar que las empanadas de queso son más concretas. 



Marty Vargas